INTEGRACIÓN DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS A LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN, PASAR DE LA ACCIONES A LA POLÍTICAS PÚBLICAS.
No están solos (fragmento)* Hindi 'buhsehu (fragmento)*
Somos granos de maíz Dio dethähu
No están solos (fragmento)* Hindi 'buhsehu (fragmento)*
Somos granos de maíz Dio dethähu
de una misma mazorca Gentho 'na tsi thä
Somos una sola raíz Gentho k'ä mä 'yuhu
de un mismo camino. Gentho k'ä mä 'ñuhu.
Thaayrohyadi**
Poeta Otomí, poema publicado en el libro "Ro Mähki Hñä" (La Palabra Sagrada), México, 1988.
Por: Claudia Fonseca Martínez
Preámbulo
De acuerdo al estudio presentado por el Instituto para la Conectividad de las Ámericas bajo el título “Los pueblos indígenas y la Sociedad de la Información en América Latina y el Caribe”, auspiciado por CEPAL; en Latinoamérica existen 400 pueblos indígenas, que comprenden aproximadamente 50 millones de individuos.
Según datos ofrecidos por la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas[1], solo en México la población indígena se encuentra integrada por 12 millones de personas, más de la décima parte de la población mexicana. Ocupando el octavo lugar mundial, entre los países con la mayor cantidad de pueblos indígenas.
En México se hablan más de 100 lenguas, de las cuales al menos 62 son de origen indígena.
La riqueza cultural de los pueblos indígenas es innegable y, sin embargo, durante años permanecieron olvidados por los gobiernos, incrementando así su rezago y la discriminación de que han sido objeto.
Con la aparición del modelo de globalización, en principio, las estructuras económicas comenzaron un proceso de transformación bajo el creciente desarrollo tecnológico, el cual adquirió un papel fundamental en la transformación de las estructuras y procesos en el resto de los ámbitos humanos.
En ese proceso de transformación y con el creciente desarrollo de las tecnologías de la información y de la comunicación, las naciones asumieron como un objetivo central la inclusión de todos los ciudadanos a la naciente Sociedad de la Información, objetivo que si bien por una parte significó un elemento más de marginación para los pueblos indígenas; por otra parte, sirvió como detonador para que los gobiernos volvieran la cabeza, sea bien por un legítimo reconocimiento o por presión, a los miles de años de rezago y olvido en que se encontraban las comunidades indígenas.
No es posible hoy afirmar que el rezago y marginación de los pueblos indígenas ha sido salvado; pues en conciencia, es digno reconocer que incluso sus más apremiantes problemas aún no encuentran una solución digna, no obstante por medio de su aún incipiente integración y participación en las tecnologías de la información y la comunicación, cuentan actualmente con medios que les permiten comunicar al mundo su enorme riqueza cultural y los serios problemas que aquejan a sus comunidades. Si bien aún continúa existiendo una enorme brecha social y digital a vencer, se han abierto canales de integración que requieren seguir incentivándose, a fin de integrar a estas comunidades a las estructuras y procesos de sus respectivos países.
En consecuencia, en pro de generar un correcto incentivo para la integración indígena a la Sociedad informática, es necesario que los procesos de e-comercio, e-gobierno, e-aprendizaje no se conviertan en mecanismos elitistas y, mucho menos generadores de mayor discriminación o división social.
EL E-GOBIERNO COMO UNA HERRAMIENTA DE INTEGRACIÓN TECNOLÓGICA Y SOCIAL DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS
Con la globalización, el desarrollo tecnológico y la aparición de tecnologías de la información y la comunicación se convirtieron en un elemento de transformación e integración de la sociedad a las nuevas estructuras y procesos.
En el debate internacional se comenzó a tratar como un tema de primordial relevancia la necesaria creación de medios y mecanismos eficientes para promover la transición de todos los procesos y estructuras, así como la inclusión de todos los individuos a la naciente Sociedad de la Información.
En el contenido de la Declaración del Milenio, emitida por la Asamblea General de Naciones Unidas en septiembre de 2000, se señala como tarea fundamental conseguir que la mundialización se convierta en una fuerza positiva para todos los habitantes del mundo; ya que, si bien ofrece grandes posibilidades, en la actualidad sus beneficios se distribuyen de manera desigual al igual que sus costos.
Así, el objetivo se fue haciendo claro, con la globalización el mayor reto parecía ser inicialmente, alcanzar la integración tecnológica mundial, lograr la inclusión de todos los pueblos e individuos a la era digital, y en esa medida se fue dirigiendo la atención a los grupos sociales menos favorecidos, entre ellos los grupos indígenas que para entonces presentaban un alto grado de marginación.
Si bien, ya desde 1991, en la declaración de la Cumbre Iberoamericana celebrada en Guadalajara, México, se reconocía la inmensa contribución de los pueblos indígenas al desarrollo y la pluralidad de nuestras sociedades comprometiéndose con su bienestar económico y social, así como con la obligación de respetar sus derechos y su identidad cultural, no fue sino hasta la declaración de la Cumbre Iberoamericana del 2005 en que de forma clara se establece el compromiso de los países de Iberoámerica de reconocer, promover y proteger los derechos de los pueblos indígenas.
En la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información, convocada por la ONU, fue asumido incluso, como parte del Proyecto de Acción, el objetivo de construir una infraestructura que permitiera la inclusión digital, la capacitación universal, el acceso sostenible, ubicuo y asequible a las Tecnologías de la información y la comunicación (TIC’s) para todos.
Se promovía el que los gobiernos, y otras partes interesadas, deberían establecer puntos de acceso público comunitario, que proporcionaran a sus ciudadanos acceso asequible o gratuito a los diversos recursos de comunicación y especialmente a Internet.
Se idearon conceptos tales como el de cibergobierno, ámbito dentro del cual se comprendía la implementación de estrategias encaminadas a la innovación y a promover la transparencia en las administraciones públicas y los procesos democráticos, mejorando la eficiencia y fortaleciendo las relaciones con los ciudadanos.
Se planteó la necesidad de definir y aplicar políticas para preservar, proteger, respetar y promover la diversidad de la expresión cultural, los conocimientos y las tradiciones indígenas mediante la creación de contenido de información variado y la utilización de diferentes métodos, entre otros la digitalización.
Frente a tal perspectiva y opinión mundial, los países con mayor presencia indígena tuvieron que asumir la integración bajo un acto previo que fue reconocer el rezago e incluir dentro de la propuesta de nación objetivos especialmente dirigidos a la atención de los pueblos indígenas.
En México, la serie de transformaciones que requería la adopción del nuevo modelo socioeconómico mundial, así como los hechos que se dieron a partir del 1º de enero de 1994 con la aparición del ejército zapatista de liberación nacional fueron detonador para que a partir de entonces se convirtiera en un objetivo fundamental de gobierno la integración de los pueblos indígenas al desarrollo del país.
De tal modo, en el contenido del Plan Nacional de Desarrollo 2001-2006 se planteo como acción de gobierno:
“Propiciar la participación directa de los pueblos indígenas en el desarrollo nacional y combatir los rezagos y las causas estructurales de su marginación con pleno respeto a sus usos y costumbres.
Apoyar el proceso de desarrollo integral indígena dentro del contexto nacional creando las condiciones para lograr una comunicación e interacción efectiva con diversos sectores de la sociedad...”[2]
Se estableció que para potenciar la inclusión indígena en la Sociedad de la Información, era necesario avanzar en la definición de propuestas de innovación y políticas sociales de carácter reparador o complementario que fortalecieran los intentos indígenas de superar el desafío de la marginación informática.
SISTEMA NACIONAL e-MÉXICO, UN PROYECTO DE INCLUSIÓN DIGITAL PARA TODOS.
Al paso de la tendencia globalizadora mundial, la tecnología fue alcanzando un importante desarrollo que dio paso a la convergencia en medios que, al ser aplicados a las estructuras sociales, económicas y culturales en el mundo, los transformó de tal forma que hizo necesaria la innovación de los procesos y mecanismos que rigen las relaciones sociales.
La invención y desarrollo de la red posibilitaron la transmisión rápida y sencilla de la información y el conocimiento a distancia, beneficio que una vez liberado hacia la sociedad, inicialmente a fines académicos, más tarde de índole comercial y al que después se sumó la idea de la socialización de la red, adhirieron a la información un importante valor económico, convirtiéndola en un elemento de riqueza, haciendo de la participación digital un objetivo primordial de los gobiernos en el mundo.
Siendo la inclusión digital un objetivo fundamental para el desarrollo de las naciones, los gobiernos comenzaron a idear bajo que mecanismos y medios era posible lograr la inclusión y transformar sus estructuras promoviendo su modernización bajo el contexto digital que imperaba en el mundo. En esa búsqueda aparecen conceptos tales como e-gobierno, e-aprendizaje, e-comercio, entre otros; que no son sino conceptos nacidos de la idea de aplicar la tecnología a todos los procesos y estructuras pertenecientes al desarrollo de una sociedad, para no quedar rezagados o, fuera del desarrollo y los mercados mundiales.
El gobierno mexicano no fue la excepción, por lo que comenzaron a desarrollarse acciones gubernamentales que promovían la modernización de las estructuras y procesos nacionales.
En noviembre del 2002, el Presidente Constitucional en México, C. Lic. Vicente Fox Quesada exhortó a la administración pública a cumplir la Agenda de Buen Gobierno, la cual contemplaba entre sus rubros primordiales, el de crear un:
“Gobierno Digital, el cual implica lograr el acceso de los ciudadanos a los servicios e información del gobierno de manera remota, mejorando el desempeño del gobierno y evitando que la inclusión digital se convierta en un elemento de disparidad social y marginación.”[3]
No obstante, ya desde el inicio de su gobierno, el Presidente de la República encomendó al C. Secretario de Comunicaciones y Transportes la creación del Sistema e-Mexico, buscando reducir la brecha digital con el uso y aprovechamiento de las tecnologías de la información y la comunicación e impulsando la integración de todos los ciudadanos al desarrollo digital nacional y ampliar la cobertura de servicios básicos en educación, gobierno, salud, así como de otros servicios a las comunidades, posibilitando la integración de todos los ciudadanos al desarrollo económico y social del país.
El Sistema Nacional e-México fue concebido bajo tres ejes fundamentales: conectividad, contenidos y sistema.
En materia de conectividad se planteó la creación de una red de 3,200 Centros Comunitarios Digitales (CCD’s) y la puesta en operación de una red satelital de alta velocidad, enlazando a cada uno de los municipios del país, ubicándolos en lugares públicos y permitiendo el libre acceso de la población.
En materia de contenidos se definieron 4 rubros a los que se dirigiría la creación y diseño de contenidos: e-Aprendizaje, e-Salud, e-Economía y e-Gobierno.
En el rubro de e-Gobierno entre otros, se estableció el objetivo de integrar a través del sistema e-México, a los diversos grupos lingüísticos y étnicos de México.
En materia de sistemas se planeó crear un portal del Sistema Nacional e-México, establecer un NAP (punto neutral de acceso a red) para agilizar el intercambio de tráfico de las redes de datos e instalar el Data Center e-México.
DEL PLAN A LA EJECUCIÓN
Durante años se hablo frecuentemente de la necesidad de inclusión digital, de los planes para abatir la brecha digital, de generar la participación de todos los individuos en la Sociedad de la Información, sin embargo las acciones tomadas en la consecución a dichos logros no resultaron del todo eficientes.
Se dio inicio al desarrollo de la infraestructura necesaria con el despliegue en una primera etapa de una red satelital que permitiera la conexión digital incluso en los lugares más alejados del país, para ello se acordó con diversas empresas su participación en la provisión de servicios, tanto para el despliegue de la red como para lograr la conexión digital.
Se puso en marcha un proceso de licitación para designar al operador que se encargaría del despliegue de la primera red que daría conexión a los 3,200 centros comunitarios digitales que comprendía la primera etapa del proyecto, siendo designada para ello la empresa Internet Directo, empresa del grupo IUSA. A los cuales se sumaron como parte de una segunda y tercera etapa, el despliegue en manos de Telmex de dos redes más para dar conexión a los 4,000 CCD’s que fueron inaugurados en julio de 2005, con un monto declarado de inversión hasta ese momento de 250 millones de pesos.
Inversión que para febrero de 2006, según carta aclaratoria emitida por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, publicada por la revista etcétera[4], ascendía a 914 millones de pesos por la instalación y operación de los 7,200 CCD’s, siendo igualmente reiterado el objetivo de alcanzar hacia el final del sexenio la puesta en operación de un total de 10,000 CCD’s, con lo que se proyecta alcanzar una penetración digital de la población en el país del 70%, considerando incluso la mayor incidencia de penetración digital en los hogares y empresas.
El hecho es que si bien la instalación de CCD’s implicaba una parte importante del proyecto como parte de una acción de gobierno de inclusión digital a toda la población, en la realidad el mero despliegue de la red e instalación de los CCD’s no ha garantizado un avance óptimo en la materia, pues aunque en su instalación se contemplaba asegurar un sistema de fácil acceso, sin un requerimiento de capacitación elevado, la realidad es que de forma paralela a garantizar los medios de conexión se hizo igualmente necesario asumir los intereses, necesidades e incluso lenguas de aquellos que hasta entonces permanecían más alejados del desarrollo nacional.
Porque en un medio donde el hambre y la pobreza son la constante, la llegada de la tecnología constituye sin duda un avance, pero ya con las computadoras instaladas en la comunidad, surge la pregunta, de qué hacer con ellas?
Surge la interrogante que cualquier persona en similar estado haría: Cómo contar con una computadora me ayudará a llevar a mi casa alimento?, lo que se resume en cuestionar, qué hacer ahora que cuento con esta computadora?
Y es ahí donde el proyecto encontró el obstáculo más grande para su desarrollo, porque una vez instaladas las computadoras, el reto fue otro, el objetivo entonces se convirtió en encontrar la forma de integrar, promover y garantizar el adecuado uso de los medios electrónicos.
Y es que contar con las posibilidades de conexión digital es en el mundo actual un elemento esencial de inclusión social, sin embargo para los pueblos marginados las necesidades de alimento y trabajo son prioritarias, por ello buscar los elementos que les hicieran voltear a la utilidad que la red puede generar en sus comunidades ha sido un camino difícil, en él que resulta primordial desligar del proyecto el afán de abanderamiento de las comunidades marginadas, para pasar a los procesos de real utilidad para el desarrollo de las comunidades.
Garantizar que los destinatarios del programa realmente sean sus receptores, asegurando que reciban la información adecuada a sus intereses, en su propia lengua, conforme a sus necesidades. Que se cuente con las capacidades o agentes mínimos necesarios para acceder a la información, que existan capacitadores que les indiquen como abordar la información y como seleccionar la información de acuerdo a sus intereses.
Y sobre todo, un elemento fundamental será garantizar el funcionamiento de los equipos instalados.
MAS QUE UN PROYECTO DE GOBIERNO, UNA POLÍTICA DE INCLUSIÓN
De acuerdo a lo anterior, el reto del Sistema Nacional e-México es lograr que éste sirva a los fines para los que fue creado, entre otros, convertirse en un instrumento de integración digital para todos.
Es indudable que hoy e-México presenta contenidos de gran valor, y de forma reciente ha integrado la posibilidad de acceder a parte de su contenido en dos lenguas indígenas, lo cual constituye un enorme paso que merece aplaudirse y reconocerse, pero que no solo debe servir para el reconocimiento y valoración de la riqueza cultural de los pueblos indígenas, sino incluso de sus necesidades.
El llamamiento no solo debe restringirse a una acción en pro de los pueblos indígenas sino deber ser asumido como un real llamado de atención a sus necesidades. Porque por un lado se les dan computadoras, mientras por el otro, se restringe su oportunidad de crear radios comunitarias.
Hoy se avanza indudablemente en la integración de los pueblos indígenas al asumir la existencia de su lengua, tradiciones y cultura en general. Sin embargo, existe aún mucho camino que recorrer, al promover que la inclusión digital de las comunidades indígenas no implique solo el reconocer su riqueza cultural y ser medio de promoción de ésta hacia el mundo, sino de que su llamado de ayuda sea escuchado y que se genere el camino por el cual la integración de las comunidades indígenas a la Sociedad de la Información les ofrezca medios útiles de supervivencia y resulte una fuente de avance y beneficios reales para sus comunidades.
Para ello se vuelve absolutamente necesario pasar de una acción de gobierno a la adopción de políticas públicas efectivas en la materia que impliquen asumir una efectiva integración de las comunidades indígenas a los beneficios de la Sociedad de la Información, mediante la capacitación, la educación y la integración, no solo cultural, sino social y económica de los pueblos indígenas.
Se requiere no solo hacer disponible la tecnología, sino promover y propiciar su uso, pues una buena inversión no es aquella que cumple con el proyecto, sino aquella que genera rendimientos óptimos. Aquella que, una vez generado el producto, lo transforma en un bien, cuyo valor se transforme en necesidad de consumo.
Al fin de cuentas, el buen inversionista jamás invertirá solo en la construcción de bellos aparadores, para después estar conforme con no obtener rendimientos óptimos de su inversión. Por ello, la promoción del valor y bondades del producto es que se vuelve no solo trascendental, sino obligatoria.
[1] Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas. http://cdi.gob.mx/index.php
[2] Plan Nacional de Desarrollo 2001-2006. Presidencia de la República. pnd.presidencia.gob.mx
[3] Agenda de Buen Gobierno en México, www.innova.gob.mx/archivos/9/files/archivos/sip-5049.pdf .
[4]Nota periodística revisa etcétera, “Televisa ignora precisiones de la SCT sobre e-México”, http://www.etcetera.com.mx/pagsct1ne64.asp
Thaayrohyadi**
Poeta Otomí, poema publicado en el libro "Ro Mähki Hñä" (La Palabra Sagrada), México, 1988.
Por: Claudia Fonseca Martínez
Preámbulo
De acuerdo al estudio presentado por el Instituto para la Conectividad de las Ámericas bajo el título “Los pueblos indígenas y la Sociedad de la Información en América Latina y el Caribe”, auspiciado por CEPAL; en Latinoamérica existen 400 pueblos indígenas, que comprenden aproximadamente 50 millones de individuos.
Según datos ofrecidos por la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas[1], solo en México la población indígena se encuentra integrada por 12 millones de personas, más de la décima parte de la población mexicana. Ocupando el octavo lugar mundial, entre los países con la mayor cantidad de pueblos indígenas.
En México se hablan más de 100 lenguas, de las cuales al menos 62 son de origen indígena.
La riqueza cultural de los pueblos indígenas es innegable y, sin embargo, durante años permanecieron olvidados por los gobiernos, incrementando así su rezago y la discriminación de que han sido objeto.
Con la aparición del modelo de globalización, en principio, las estructuras económicas comenzaron un proceso de transformación bajo el creciente desarrollo tecnológico, el cual adquirió un papel fundamental en la transformación de las estructuras y procesos en el resto de los ámbitos humanos.
En ese proceso de transformación y con el creciente desarrollo de las tecnologías de la información y de la comunicación, las naciones asumieron como un objetivo central la inclusión de todos los ciudadanos a la naciente Sociedad de la Información, objetivo que si bien por una parte significó un elemento más de marginación para los pueblos indígenas; por otra parte, sirvió como detonador para que los gobiernos volvieran la cabeza, sea bien por un legítimo reconocimiento o por presión, a los miles de años de rezago y olvido en que se encontraban las comunidades indígenas.
No es posible hoy afirmar que el rezago y marginación de los pueblos indígenas ha sido salvado; pues en conciencia, es digno reconocer que incluso sus más apremiantes problemas aún no encuentran una solución digna, no obstante por medio de su aún incipiente integración y participación en las tecnologías de la información y la comunicación, cuentan actualmente con medios que les permiten comunicar al mundo su enorme riqueza cultural y los serios problemas que aquejan a sus comunidades. Si bien aún continúa existiendo una enorme brecha social y digital a vencer, se han abierto canales de integración que requieren seguir incentivándose, a fin de integrar a estas comunidades a las estructuras y procesos de sus respectivos países.
En consecuencia, en pro de generar un correcto incentivo para la integración indígena a la Sociedad informática, es necesario que los procesos de e-comercio, e-gobierno, e-aprendizaje no se conviertan en mecanismos elitistas y, mucho menos generadores de mayor discriminación o división social.
EL E-GOBIERNO COMO UNA HERRAMIENTA DE INTEGRACIÓN TECNOLÓGICA Y SOCIAL DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS
Con la globalización, el desarrollo tecnológico y la aparición de tecnologías de la información y la comunicación se convirtieron en un elemento de transformación e integración de la sociedad a las nuevas estructuras y procesos.
En el debate internacional se comenzó a tratar como un tema de primordial relevancia la necesaria creación de medios y mecanismos eficientes para promover la transición de todos los procesos y estructuras, así como la inclusión de todos los individuos a la naciente Sociedad de la Información.
En el contenido de la Declaración del Milenio, emitida por la Asamblea General de Naciones Unidas en septiembre de 2000, se señala como tarea fundamental conseguir que la mundialización se convierta en una fuerza positiva para todos los habitantes del mundo; ya que, si bien ofrece grandes posibilidades, en la actualidad sus beneficios se distribuyen de manera desigual al igual que sus costos.
Así, el objetivo se fue haciendo claro, con la globalización el mayor reto parecía ser inicialmente, alcanzar la integración tecnológica mundial, lograr la inclusión de todos los pueblos e individuos a la era digital, y en esa medida se fue dirigiendo la atención a los grupos sociales menos favorecidos, entre ellos los grupos indígenas que para entonces presentaban un alto grado de marginación.
Si bien, ya desde 1991, en la declaración de la Cumbre Iberoamericana celebrada en Guadalajara, México, se reconocía la inmensa contribución de los pueblos indígenas al desarrollo y la pluralidad de nuestras sociedades comprometiéndose con su bienestar económico y social, así como con la obligación de respetar sus derechos y su identidad cultural, no fue sino hasta la declaración de la Cumbre Iberoamericana del 2005 en que de forma clara se establece el compromiso de los países de Iberoámerica de reconocer, promover y proteger los derechos de los pueblos indígenas.
En la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información, convocada por la ONU, fue asumido incluso, como parte del Proyecto de Acción, el objetivo de construir una infraestructura que permitiera la inclusión digital, la capacitación universal, el acceso sostenible, ubicuo y asequible a las Tecnologías de la información y la comunicación (TIC’s) para todos.
Se promovía el que los gobiernos, y otras partes interesadas, deberían establecer puntos de acceso público comunitario, que proporcionaran a sus ciudadanos acceso asequible o gratuito a los diversos recursos de comunicación y especialmente a Internet.
Se idearon conceptos tales como el de cibergobierno, ámbito dentro del cual se comprendía la implementación de estrategias encaminadas a la innovación y a promover la transparencia en las administraciones públicas y los procesos democráticos, mejorando la eficiencia y fortaleciendo las relaciones con los ciudadanos.
Se planteó la necesidad de definir y aplicar políticas para preservar, proteger, respetar y promover la diversidad de la expresión cultural, los conocimientos y las tradiciones indígenas mediante la creación de contenido de información variado y la utilización de diferentes métodos, entre otros la digitalización.
Frente a tal perspectiva y opinión mundial, los países con mayor presencia indígena tuvieron que asumir la integración bajo un acto previo que fue reconocer el rezago e incluir dentro de la propuesta de nación objetivos especialmente dirigidos a la atención de los pueblos indígenas.
En México, la serie de transformaciones que requería la adopción del nuevo modelo socioeconómico mundial, así como los hechos que se dieron a partir del 1º de enero de 1994 con la aparición del ejército zapatista de liberación nacional fueron detonador para que a partir de entonces se convirtiera en un objetivo fundamental de gobierno la integración de los pueblos indígenas al desarrollo del país.
De tal modo, en el contenido del Plan Nacional de Desarrollo 2001-2006 se planteo como acción de gobierno:
“Propiciar la participación directa de los pueblos indígenas en el desarrollo nacional y combatir los rezagos y las causas estructurales de su marginación con pleno respeto a sus usos y costumbres.
Apoyar el proceso de desarrollo integral indígena dentro del contexto nacional creando las condiciones para lograr una comunicación e interacción efectiva con diversos sectores de la sociedad...”[2]
Se estableció que para potenciar la inclusión indígena en la Sociedad de la Información, era necesario avanzar en la definición de propuestas de innovación y políticas sociales de carácter reparador o complementario que fortalecieran los intentos indígenas de superar el desafío de la marginación informática.
SISTEMA NACIONAL e-MÉXICO, UN PROYECTO DE INCLUSIÓN DIGITAL PARA TODOS.
Al paso de la tendencia globalizadora mundial, la tecnología fue alcanzando un importante desarrollo que dio paso a la convergencia en medios que, al ser aplicados a las estructuras sociales, económicas y culturales en el mundo, los transformó de tal forma que hizo necesaria la innovación de los procesos y mecanismos que rigen las relaciones sociales.
La invención y desarrollo de la red posibilitaron la transmisión rápida y sencilla de la información y el conocimiento a distancia, beneficio que una vez liberado hacia la sociedad, inicialmente a fines académicos, más tarde de índole comercial y al que después se sumó la idea de la socialización de la red, adhirieron a la información un importante valor económico, convirtiéndola en un elemento de riqueza, haciendo de la participación digital un objetivo primordial de los gobiernos en el mundo.
Siendo la inclusión digital un objetivo fundamental para el desarrollo de las naciones, los gobiernos comenzaron a idear bajo que mecanismos y medios era posible lograr la inclusión y transformar sus estructuras promoviendo su modernización bajo el contexto digital que imperaba en el mundo. En esa búsqueda aparecen conceptos tales como e-gobierno, e-aprendizaje, e-comercio, entre otros; que no son sino conceptos nacidos de la idea de aplicar la tecnología a todos los procesos y estructuras pertenecientes al desarrollo de una sociedad, para no quedar rezagados o, fuera del desarrollo y los mercados mundiales.
El gobierno mexicano no fue la excepción, por lo que comenzaron a desarrollarse acciones gubernamentales que promovían la modernización de las estructuras y procesos nacionales.
En noviembre del 2002, el Presidente Constitucional en México, C. Lic. Vicente Fox Quesada exhortó a la administración pública a cumplir la Agenda de Buen Gobierno, la cual contemplaba entre sus rubros primordiales, el de crear un:
“Gobierno Digital, el cual implica lograr el acceso de los ciudadanos a los servicios e información del gobierno de manera remota, mejorando el desempeño del gobierno y evitando que la inclusión digital se convierta en un elemento de disparidad social y marginación.”[3]
No obstante, ya desde el inicio de su gobierno, el Presidente de la República encomendó al C. Secretario de Comunicaciones y Transportes la creación del Sistema e-Mexico, buscando reducir la brecha digital con el uso y aprovechamiento de las tecnologías de la información y la comunicación e impulsando la integración de todos los ciudadanos al desarrollo digital nacional y ampliar la cobertura de servicios básicos en educación, gobierno, salud, así como de otros servicios a las comunidades, posibilitando la integración de todos los ciudadanos al desarrollo económico y social del país.
El Sistema Nacional e-México fue concebido bajo tres ejes fundamentales: conectividad, contenidos y sistema.
En materia de conectividad se planteó la creación de una red de 3,200 Centros Comunitarios Digitales (CCD’s) y la puesta en operación de una red satelital de alta velocidad, enlazando a cada uno de los municipios del país, ubicándolos en lugares públicos y permitiendo el libre acceso de la población.
En materia de contenidos se definieron 4 rubros a los que se dirigiría la creación y diseño de contenidos: e-Aprendizaje, e-Salud, e-Economía y e-Gobierno.
En el rubro de e-Gobierno entre otros, se estableció el objetivo de integrar a través del sistema e-México, a los diversos grupos lingüísticos y étnicos de México.
En materia de sistemas se planeó crear un portal del Sistema Nacional e-México, establecer un NAP (punto neutral de acceso a red) para agilizar el intercambio de tráfico de las redes de datos e instalar el Data Center e-México.
DEL PLAN A LA EJECUCIÓN
Durante años se hablo frecuentemente de la necesidad de inclusión digital, de los planes para abatir la brecha digital, de generar la participación de todos los individuos en la Sociedad de la Información, sin embargo las acciones tomadas en la consecución a dichos logros no resultaron del todo eficientes.
Se dio inicio al desarrollo de la infraestructura necesaria con el despliegue en una primera etapa de una red satelital que permitiera la conexión digital incluso en los lugares más alejados del país, para ello se acordó con diversas empresas su participación en la provisión de servicios, tanto para el despliegue de la red como para lograr la conexión digital.
Se puso en marcha un proceso de licitación para designar al operador que se encargaría del despliegue de la primera red que daría conexión a los 3,200 centros comunitarios digitales que comprendía la primera etapa del proyecto, siendo designada para ello la empresa Internet Directo, empresa del grupo IUSA. A los cuales se sumaron como parte de una segunda y tercera etapa, el despliegue en manos de Telmex de dos redes más para dar conexión a los 4,000 CCD’s que fueron inaugurados en julio de 2005, con un monto declarado de inversión hasta ese momento de 250 millones de pesos.
Inversión que para febrero de 2006, según carta aclaratoria emitida por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, publicada por la revista etcétera[4], ascendía a 914 millones de pesos por la instalación y operación de los 7,200 CCD’s, siendo igualmente reiterado el objetivo de alcanzar hacia el final del sexenio la puesta en operación de un total de 10,000 CCD’s, con lo que se proyecta alcanzar una penetración digital de la población en el país del 70%, considerando incluso la mayor incidencia de penetración digital en los hogares y empresas.
El hecho es que si bien la instalación de CCD’s implicaba una parte importante del proyecto como parte de una acción de gobierno de inclusión digital a toda la población, en la realidad el mero despliegue de la red e instalación de los CCD’s no ha garantizado un avance óptimo en la materia, pues aunque en su instalación se contemplaba asegurar un sistema de fácil acceso, sin un requerimiento de capacitación elevado, la realidad es que de forma paralela a garantizar los medios de conexión se hizo igualmente necesario asumir los intereses, necesidades e incluso lenguas de aquellos que hasta entonces permanecían más alejados del desarrollo nacional.
Porque en un medio donde el hambre y la pobreza son la constante, la llegada de la tecnología constituye sin duda un avance, pero ya con las computadoras instaladas en la comunidad, surge la pregunta, de qué hacer con ellas?
Surge la interrogante que cualquier persona en similar estado haría: Cómo contar con una computadora me ayudará a llevar a mi casa alimento?, lo que se resume en cuestionar, qué hacer ahora que cuento con esta computadora?
Y es ahí donde el proyecto encontró el obstáculo más grande para su desarrollo, porque una vez instaladas las computadoras, el reto fue otro, el objetivo entonces se convirtió en encontrar la forma de integrar, promover y garantizar el adecuado uso de los medios electrónicos.
Y es que contar con las posibilidades de conexión digital es en el mundo actual un elemento esencial de inclusión social, sin embargo para los pueblos marginados las necesidades de alimento y trabajo son prioritarias, por ello buscar los elementos que les hicieran voltear a la utilidad que la red puede generar en sus comunidades ha sido un camino difícil, en él que resulta primordial desligar del proyecto el afán de abanderamiento de las comunidades marginadas, para pasar a los procesos de real utilidad para el desarrollo de las comunidades.
Garantizar que los destinatarios del programa realmente sean sus receptores, asegurando que reciban la información adecuada a sus intereses, en su propia lengua, conforme a sus necesidades. Que se cuente con las capacidades o agentes mínimos necesarios para acceder a la información, que existan capacitadores que les indiquen como abordar la información y como seleccionar la información de acuerdo a sus intereses.
Y sobre todo, un elemento fundamental será garantizar el funcionamiento de los equipos instalados.
MAS QUE UN PROYECTO DE GOBIERNO, UNA POLÍTICA DE INCLUSIÓN
De acuerdo a lo anterior, el reto del Sistema Nacional e-México es lograr que éste sirva a los fines para los que fue creado, entre otros, convertirse en un instrumento de integración digital para todos.
Es indudable que hoy e-México presenta contenidos de gran valor, y de forma reciente ha integrado la posibilidad de acceder a parte de su contenido en dos lenguas indígenas, lo cual constituye un enorme paso que merece aplaudirse y reconocerse, pero que no solo debe servir para el reconocimiento y valoración de la riqueza cultural de los pueblos indígenas, sino incluso de sus necesidades.
El llamamiento no solo debe restringirse a una acción en pro de los pueblos indígenas sino deber ser asumido como un real llamado de atención a sus necesidades. Porque por un lado se les dan computadoras, mientras por el otro, se restringe su oportunidad de crear radios comunitarias.
Hoy se avanza indudablemente en la integración de los pueblos indígenas al asumir la existencia de su lengua, tradiciones y cultura en general. Sin embargo, existe aún mucho camino que recorrer, al promover que la inclusión digital de las comunidades indígenas no implique solo el reconocer su riqueza cultural y ser medio de promoción de ésta hacia el mundo, sino de que su llamado de ayuda sea escuchado y que se genere el camino por el cual la integración de las comunidades indígenas a la Sociedad de la Información les ofrezca medios útiles de supervivencia y resulte una fuente de avance y beneficios reales para sus comunidades.
Para ello se vuelve absolutamente necesario pasar de una acción de gobierno a la adopción de políticas públicas efectivas en la materia que impliquen asumir una efectiva integración de las comunidades indígenas a los beneficios de la Sociedad de la Información, mediante la capacitación, la educación y la integración, no solo cultural, sino social y económica de los pueblos indígenas.
Se requiere no solo hacer disponible la tecnología, sino promover y propiciar su uso, pues una buena inversión no es aquella que cumple con el proyecto, sino aquella que genera rendimientos óptimos. Aquella que, una vez generado el producto, lo transforma en un bien, cuyo valor se transforme en necesidad de consumo.
Al fin de cuentas, el buen inversionista jamás invertirá solo en la construcción de bellos aparadores, para después estar conforme con no obtener rendimientos óptimos de su inversión. Por ello, la promoción del valor y bondades del producto es que se vuelve no solo trascendental, sino obligatoria.
[1] Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas. http://cdi.gob.mx/index.php
[2] Plan Nacional de Desarrollo 2001-2006. Presidencia de la República. pnd.presidencia.gob.mx
[3] Agenda de Buen Gobierno en México, www.innova.gob.mx/archivos/9/files/archivos/sip-5049.pdf .
[4]Nota periodística revisa etcétera, “Televisa ignora precisiones de la SCT sobre e-México”, http://www.etcetera.com.mx/pagsct1ne64.asp
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